Historia de la adopción espiritual

La vida es un don de Dios, es el don más grande que Él nos concede y aun así es el que más despreciamos, vemos como en la cultura actual parece que cada vez más se difunden ideologías y corrientes de pensamiento que nos llevan a considerar a algunos seres humanos descartables y vemos como la maternidad ya no es considerada un regalo de Dios, sino una elección o decisión que tomas en el momento que pareciera más conveniente.

Ante una creciente cultura de la muerte, muchas  personas alrededor del mundo se han preguntado qué pueden hacer, como pueden ayudar a frenar tantos males que surgen muchas veces sin darnos cuenta.

Es así como a mediados del siglo XX en Estados Unidos, el venerable Fulton J. Sheen viendo la cantidad de abortos que se realizaban anualmente y siendo testigo de que estos niños no tenían un nombre ni tumba, pide en oración un método mediante el cual cualquier persona desde su posición de vida pueda contribuir en la defensa de la vida y empieza a proponer a las personas que se hicieran cargo de estas almas y recen por ellas adoptándolas espiritualmente.

Es así como surge la adopción espiritual de bebés no nacidos en peligro de ser abortados, constituyéndose en una respuesta a las plegarias de tantas personas que se ven impedidas, que sufren ante la maldad y el silencio de muchos y deciden dar voz a estos pequeños que no la tienen y no pueden defenderse.

La adopción espiritual es una breve oración personal y diaria, durante los nueve meses que dura la gestación, con la intención de salvar la vida de un bebé en peligro de ser abortado. Es una iniciativa de oración de intercesión por la vida y es una forma de poner todo en manos de Dios, quien es Señor de la vida con la confianza y la convicción de que ninguna oración queda desperdiciada.

Como dice la sagrada escritura: “Y todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis” (Mateo 21, 22).

La adopción espiritual es una propuesta que nace de María de su infinito amor de madre y nace también de la misericordia de Dios, quien quiere dar la posibilidad de perdón y redención a quienes han cometido o ayudado a cometer este pecado tan grave que es el aborto.